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26 de julio de 2011

El Blog de la Depresión

Estoy enfermo, me siento mal. Me duelen muchas partes de mi cuerpo y no tengo muchas esperanzas de que ese dolor disminuya o se vaya. Me siento mareado, con el estómago revuelto y sin muchas ganas de hacer nada. No se podrá hacer nada para resolver mis problemas, sólo esperar pacientemente a que llegue el final y esperar que éste no sea demasiado doloroso. No hay esperanza, no hay felicidad en mi vida. ¿Cómo puedo ser feliz si sé que me estoy muriendo y que ya no sé cuánto tiempo más viviré? Ya no puedo caminar, y otras cosas que apreciaba ya no puedo hacerlas, sólo recordar y acaso fantasear, cosa que a veces me duele más. Todo es tan triste...

Podría escribir un blog en este estilo, pero mi personalidad me lo impide.

Claro que he tenido estos pensamientos en mayor o menor medida, e incluso algunos de ellos podrían tomar forma en un post aparte, pero mi modo de ser no me lo permite. Yo quiero vivir. A pesar del dolor o la angustia que me pudieran invadir, mi cuerpo me obliga a seguir adelante, porque busca alguna palabra qué teclear. Se coordina con mi cerebro y trata de encontrar un nuevo proyecto, una nueva manera de expresión. Porque morir puede ser algo muy dramático y una herramienta para que la gente te recuerde, pero también vivir, y la forma en que vives tiene para mí más importancia.

¿Qué sentido tiene quejarse? Puede ayudar a que alguien te resuelva algún problema, pero luego es pérdida de tiempo. Igual puede ser el llanto y sentir lástima por ti mismo. A veces los demás ya sienten bastante lástima como para que encima te les unas. Es posible que en ocasiones tengas pensamientos negativos, es normal, pero eso no quiere decir que te debas envolver en ellos como si sólo ellos pudieran existir. Al contrario, este tipo de pensamientos deben pisarse como cucarachas en cuanto son detectados. Yo no quiero mi cuarto lleno de cucarachas. Son más bonitas las mariposas.

12 de julio de 2011

Amo a mi Abuela

Yo amo y admiro mucho a mi abuela porque:

- Sigue trabajando duro para que sus nuevas generaciones podamos tener más que ella.
- No soporta estar ni siquiera dos horas frente al televisor sin hacer nada.
- Cuando ve un partido de fútbol por televisión, les grita a los jugadores.
- A veces, cuando ve un partido de fútbol, quiere que los dos equipos pierdan.
- Se acuesta a las 11 de la noche luego de no descansar en todo el día.
- Te pregunta “¿querés más?” (comida), cuando ya te sirvió más.
- A veces quiere que comas más, pero para “que no se quede guardado sólo ese poquito”.
- Te ofrece fruta para comer, “porque ya se está echando a perder”. De lo contrario no lo haría.
- Hasta hace unos años todavía jugaba fútbol.
- Es muy notorio cuando la estás aburriendo con tu conversación.
- Aún se sube a un banco para alcanzar a algo que esté en alto.
- La amo a pesar de que se esconde cada vez que llora.
- Sabe cocinar muy bien.
- Le gustan las plantas.
- Sigue aprendiendo a utilizar su teléfono celular.
- Sin lentes, ve mejor que yo, con lentes.
- No le gusta tomar medicinas y se niega como una niña a hacerlo.
- Mis hijas la adoran.
- Muchas otras cosas, grandes y pequeñas, que a ella la hacen grande.

A Leonarda Hernández

8 de julio de 2011

Otra Gran Salida

De nuevo me internaron en el hospital, debido a lo mismo de siempre con un pequeño giro que hizo de ésta mi más larga estadía en el recinto de salud física. No daré detalles pero me operaron y luego de eso debí quedarme 50 días internado. Cada hospitalización es distinta por varias razones, desde los compañeros hasta el personal de enfermería, los doctores, la cama, los medicamentos, las historias que quedan.

Las historias que uno recuerda casi siempre son las divertidas, pero también hay otras tristes, como el hombre que murió, que tenía aproximadamente mi edad y que varias veces escuché por la noche hablar por teléfono con su hijo, dándole consejos y diciéndole cuánto lo amaba. Ni siquiera me puedo preguntar si debía o no morir, si era lo mejor o una tremenda injusticia. También murió don A., a quien sus familiares prácticamente llegaron a abandonar al hospital, esperando que muriera. Parece cruel o malicioso que lo diga, pero la experiencia y otras historias escuchadas en el hospital me dan buenas razones para afirmar que así fue.

Pero lo más triste, lo más absurdo de estar en el hospital es cuando un compañero paciente se te acerca y comienza a hablarte. Te pregunta acerca de tu enfermedad, el tiempo que llevas internado, hace comentarios acerca de lo aburrido que es estar ahí y que hay que tener mucha fe en Dios, porque no se debe perder nunca la esperanza. Quizá te cuenta acerca de su caso, quizá comente acerca otro paciente que está en peores condiciones que ambos. Y luego, comienza a hablar de su "producto" que lo cura todo. Son pastillas, jarabe, un aparato mágico que lanza rayos gama y luz ultravioleta. Pero lo que sea que tengas lo puede curar. Yo miro a ese interlocutor pensando: ¿y entonces por qué estás aquí metido? Nunca me he atrevido a preguntar.

Yo no creo que se haya infiltrado como agente secreto fingiendo una hernia o dejándose operar un apéndice sano sólo para llegar a ese mercado tan necesitado como somos los verdaderos enfermos. Lo mismo sucede con aquellos que "conocen a un pastor que hace sanaciones". ¿Por qué no los sanó, por falta de fe, de dinero? Es como un calvo completo que vende soluciones para la caída del cabello. Algunos lo hacen, pero para usarse a sí mismos como prueba de que sus soluciones sí sirven. ¿Pero los otros? Parecieran usarse a sí mismos como prueba de que su producto en realidad no cura todo.

Qué mentira tan desesperada. Qué intento de estafa tan descaradamente desesperado. Situaciones de este tipo me hacen preguntarme acerca de cuál será la verdadera naturaleza del equilibrio universal. Quizá la justicia sí existe.

2 de mayo de 2011

Uno de Mis Padres

Murió Ernesto Sabato. Siento una especie de vacío en mi interior al pensar que su persona ya no está, que sus actividades han cesado. Para mí, el mundo ha perdido una de esas personas que se dedicaban a hacer sólo cosas buenas por la Humanidad, y a tratar de abrir los ojos de quienes los han cerrado para ver sólo hacia adentro, a sí mismo. Ayer por la tarde lo lloré. En privado, a solas y honestamente.

Me di cuenta de que me duele mucho no haberlo conocido en persona. Para mí es como recibir la noticia de un pariente muerto en otro país, y efectivamente no tener dinero para viajar y presentar mis condolencias apropiadamente. Y vivir el duelo también con mayor propiedad. Quizá suene ridículo, pero siento como si de verdad haya muerto uno de mis padres. Leí “El Túnel” cuando era un adolescente muy perdido en mis confusos pareceres, y para mí fue como leer un diario de mi propio futuro. Es difícil explicarlo, pero fue una de las experiencias que me hicieron comprender que mi soledad no era tan única.

Yo comprendía a ese Juan Pablo, y quizá buscaba conocer a una Alejandra que me embrujara con su misterio y su dolor, con esa manera de ser tan distinta a la mía y que de alguna manera admiraba, al mismo tiempo que sentía que estaba más sola que yo.

El señor Sabato me transmitió cosas que nadie más ha podido transmitirme. Leer sus obras ha sido viajar a una parte de mi mente que desconocía, a través de viajar en la suya. Despertó en mí sentimientos y pasiones que yo había vivido nada más como confusión, y les dio un orden y un sinsentido que pude comprender. Le debo ser quien soy, le debo más de lo que creo, y su muerte me ha dolido tanto…

27 de marzo de 2011

Ser Vegetariano

No tengo nada en contra de los vegetarianos, cada persona es libre de escoger los alimentos que consume. Claro, si decide consumir humanos se convierte en algo ilegal. Todo tiene sus límites. Sin embargo, en esta ocasión yo quiero expresar mi opinión respecto a algo en especial.


Yo opino que todos los extremos son malos. Sin embargo, muchas personas los practican, como si no tuvieran otra opción. En la comida, por ejemplo, es como si tuvieran que tomar seis tazas de café al día, o ninguna. Como si tuvieran que embriagarse todos los fines de semana, o no probar una gota de alcohol en toda su vida. Y creo que el vegetarianismo es eso: un extremo. Hay que eliminar toda carne de nuestra dieta.


Y, a pesar de lo que muchos vegetarianos digan, existe más de una razón para serlo. Existen aquellos más nobles que piensan genuinamente en los derechos de los animales, que de cierta manera han de ser iguales a nosotros, que valen lo mismo, etcétera. Pero estoy seguro de que existen otros que simplemente sienten asco cuando piensan en un animalito muerto cubierto de sangre, y se les revuelve el estómago al pensar en tener que comerse "eso". Y piensan que sentir lástima por un animal muerto es lo mismo que considerar sus derechos.


Admito que la crueldad contra los animales es real, que al tratar de producir carne en masa se cometen muchas atrocidades. Por supuesto que existen muchas peleas pendientes respecto a la dignidad de los animales y su trato justo. Que sean iguales a nosotros, opino que es discutible en varios niveles. Y repito, no tengo nada en contra de los vegetarianos; quizá el mundo sea mejor cuando nadie consuma carne. Quizá no. Creo haber leído en alguna parte que nuestros cerebros se desarrollaron gracias al consumo de carne. No me interesa cambiar mentalidades, pero sí señalar la hipocresía de algunos a quienes no les importan tanto los animales, sino nada más no tener náusea.


2 de marzo de 2011

Vacaciones

Acabo de pasar 19 días en el hospital. Nada grave, espero no regresar pronto. Y aunque se diga a modo de broma, la hospitalización de verdad es como una especie de vacación. Se sale de la rutina, o se cambia de rutina. Se cambia la luz de sol y el aire libre por la luz artificial y cuatro paredes pintadas de color pastel. Una cama alta y muy caliente, comida en bandeja en horarios fijos y más temprano que en casa. Dolor, otros hombres enfermos en la misma habitación y la obligación de dejarte ver desnudo por desconocidos.

Es interesante cómo pueden cambiar las cosas en el hospital. No estás obligado a hablarle a nadie. Nadie te conoce ni sabe cómo eres. Puedes ser como lo desees, puedes jugar a interpretar un papel. Tienes mucho tiempo para reflexionar respecto a lo que sea, dormir y despertar para seguir reflexionando. Es un retiro con medicamentos.

Y yo me retiré, y reflexioné respecto a algunas cosas, como siempre. Mis reflexiones quizá no sean tan importantes como el bienestar de ser anónimo. Ser uno más de esos que ocupan una cama y que al poco tiempo de irse, vendrá alguien más a ocupar la misma cama. Otro vacacionista. Otro enfermo. Y aunque la muerte visite a alguien, aunque el dolor sea mucho para algunos, siempre habrá alguien que trate de hacerte sentir mejor.

3 de febrero de 2011

Reunión 2.0

Esta vez estuvieron ausentes Lepe, el Memo y el Von Quednow. Sin embargo se nos unieron el Rambo, Juracán y el Cotorro. Repetimos el Chucho, el Abuelo, el Pacheco y el Cochinillo. Debo decir que fue una reunión muy divertida.

Es la segunda reunión de nuestro grupo de excompañeros del Instituto San Ignacio, que estudiamos entre 1,993 y 1,995 en ese lugar. Teníamos 15 años de no vernos algunos de nosotros. Claro, siempre están las amistades más especiales que se conservan y nunca se les pierde el contacto. Pero estas ocasiones en que tienes la oportunidad de ver a alguien que no has visto en mucho tiempo, son realmente especiales.

Nos reunimos en la calle, nos reconocimos, nos asombramos de los cambios y de las cosas que han permanecido en nosotros media vida. Nos contamos las cosas que hacemos actualmente, recordamos las anécdotas divertidas de aquella época, incluso las que desconocíamos. La nostalgia está bien, y estuvo bien para la primera reunión. Pero en un momento pareció que iba desapareciendo, y ya no se trataba de lo que fue, sino de lo que es hoy y las anécdotas de hoy y los chistes que en esos momentos se nos ocurrían.

Recordamos, por ejemplo, al Mosquito, con su manera de ser en aquellos días. Pero sobre todo fue tema de conversación debido a que declaró que si se bebían bebidas alcohólicas en la reunión, prefería no ir. Claro, su comentario levantó un leve debate en el grupo del Facebook, que terminó en su ausencia el día de la reunión y la toma de fotografías posando con el tarro de cerveza en la mano... y un vaso de vodka. Ya es una anécdota actual, y es excelente saber que nuestras reuniones no son sólo para ponernos al día y competir acerca de quién ha sido más exitoso en su vida. Se trata de retomar las amistades que fueron y que no fácilmente se olvidaron. No se trata de revivir un pasado. Sino vivir un nuevo presente que valga la pena.

Las risas siempre son lo mejor.

PD: la discusión no tiene sentido, en un grupo de adultos el que quiere beber lo hace y el que no quiere no. A menos que sean AA.

27 de enero de 2011

Dolor Físico

El dolor físico cambia a las personas. Un dolor agudo puede hacer reflexionar a una persona respecto a sus actos. Como quien arriesga su vida sin necesidad en actos "extremos", o quienes han recibido un balazo como consecuencia de su vida criminal. Pero el peor es el dolor crónico. Dolor todos los días, a cada momento. Permanente.


Yo padezco de un dolor semejante. No es permanente y a veces ni siquiera se presenta cuando lo espero. Pero lo espero, lo temo, y sé que me ha cambiado. Pienso en personas con otras enfermedades, y siento compasión y admiración por ellas. Me doy cuenta de que habrán otras personas que verán a estos enfermos y creerán que están tristes o deprimidas, pero no es así, es dolor físico. Cuando sientes que se te salen los ojos debido a un dolor de cabeza, cuando el cuerpo te duele tanto que no quieres moverte, cuando no quieres quejarte del dolor porque sabes que, irónicamente eso te produciría más dolor, sonreir y ser amable quedan en segundo plano. Aún así, algunos llegan a tachar a estas personas de "amargados".


Por eso es tan admirable la gente que vence ese dolor, que lo siente y aún así es capaz de trascenderlo y preocuparse por los otros e incluso tratar de ayudarlos. Mi dolor no se compara con el de otros, pero admiro que esos otros puedan sonreír y tratar de ser ellos mismos a pesar del dolor y a pesar del medicamento, que afecta tanto o más la personalidad que el mismo dolor. Esta gente merece un aplauso. He estado en el hospital, y he visto sufrir. Y he visto trascender. Así he aprendido lo que quiero, que quiero ser fuerte, que quiero demostrarme a mí mismo que puedo encontrar la felicidad aún vistiendo un cuerpo defectuoso. Porque de verdad, lo que importa es lo que tenemos adentro.


20 de enero de 2011

Dios No Lo Quiera

Hace algunos años leí en un libro de César Higueros Carrillo, una parte donde hacía una crítica respecto a cómo ponemos "de sirviente" a Dios. Lo ponemos a hacer cualquier cosa en cualquier momento, sólo porque eso es lo que se nos antoja o necesitamos en ese momento. Yo estoy de acuerdo, creo que es en los problemas más difíciles de la vida en que recurriremos a su consuelo, cuando en verdad nuestras solas fuerzas no son suficientes. No en cualquier momento, para solucionar nuestros errores.


Quisiera tratar de aclarar que no estoy hablando de Dios, estoy hablando del comportamiento de la gente. Existen ciertas personas que, en cuanto escuchan la palabra "Dios", dejan de escuchar todo lo demás y se hacen a una actitud inamovible. En este caso, yo estoy tratando de hablar respecto al comportamiento de ciertas personas que parecieran "abusar". Los ejemplos podrían ayudar:


- Dios no quiera que me enferme.

- Dios quiera que gane mi equipo.

- Dios quiera que gane mi equipo (el del otro equipo).

- Dios no quiera que llegue tarde a mi trabajo (el que ya salió tarde).

- Dios no quiera que se haya arruinado el teclado (después de dejarlo caer al suelo).

- Dios quiera que la maestra no pida la tarea hoy.

- Dios quiera que me diga que sí quiere ser mi novia.

- Dios no quiera que se den cuenta de que estoy copiando en el examen.

- Dios no quiera que sepan que estoy robando (¡¿?!)

- Dios no quiera que descubra que la estás engañando.

- Dios quiera que me salga rica la comida.

- Dios quiera que me quede bien este pantalón.

- Dios quiera que no llueva hoy.

- Dios no quiera que vengan a cobrarme la renta hoy.

- ¿Más ejemplos?


11 de enero de 2011

Hasta Un Perro Merece Un Libro

Recién vi la película de Marley y yo. No he leído el libro. Sin embargo, opino que es una bonita historia acerca de un perro singular que marcó positivamente la vida de la familia de un escritor, que supo apreciar el aporte de su mascota en toda su existencia. La belleza está en los ojos de quien la ve.


Muchas personas hubiesen decidido deshacerse de un perro tan molesto, en lugar de conservarlo y aceptarlo tal cual era. Eso es amor de verdad. Y, a cambio, recibieron el amor verdadero y desinteresado de él. ¿Cuántos de nosotros podemos decir que hemos hecho algo semejante? Lamentablemente en el mundo de los humanos no es tan sencillo dar y recibir amor verdadero, desinteresado, indiscriminado. Algo deberíamos aprender.


Supongo que el dueño de Marley lo comprendió, y por eso decidió dar a conocer su historia. Hasta un perro merece que le escriban un libro, cuando su historia es única y puede obsequiar a la Humanidad un hermoso regalo de vida, que todo aquél que lo sepa apreciar estará en condiciones de vivir una vida de la cual también se pueda escribir un libro. Todos deberíamos de vivir una vida que valiera la pena escribirse. Llena de amor, sacrificios, aventuras, decisiones difíciles y significativas, lucha, comedia, experiencias de madurez, corazones enormes, y sin cortes comerciales.


Existen tantas películas, libros, programas de televisión y demás cosas que nos tratan de alentar a que vivamos una vida con más sentido, y lo que vemos es a adolescentes imitando bromas pesadas, hazañas peligrosamente estúpidas o estúpidamente peligrosas, adultos violentos presumiendo joyas extravagantes e involucrándose en relaciones sexuales ilegales, indebidas, inmorales. ¿Por qué es más llamativo imitar lo malo? ¿No nos puede inspirar una historia de amor y sacrificio? ¿Un perro nos tiene que enseñar una forma correcta de vivir? ¿Una mascota conoce mejor que nosotros la forma correcta de amar?


En un mundo donde hasta un perro merece un libro, la belleza está por todas partes, pero no será ella la que nos busque. Debemos ser nosotros los que apreciemos la belleza de todo, donde quiera que se encuentre.


31 de diciembre de 2010

Aquí y Ahora

Estoy convencido de que el libre albedrío es la cualidad más importante que tenemos los seres humanos. No pretendo que este momento sea para discutir si este libre albedrío fue regalo de un Dios creador o no. Sólo quiero afirmar que existe, y que es tan básico en los seres humanos como el latido del corazón.


Al mismo tiempo, teorías psicológicas de la personalidad como la freudiana, afirman que el pasado es determinante e ineludible. Que nuestra niñez marca el destino clásico del que no se puede huir. Sin embargo, existen otras teorías que dicen que podemos combatirlo. Nuestro libre albedrío será capaz de vencer a ese destino escrito en la piedra trágica. Si bien es cierto que las experiencias del pasado son una influencia poderosa, la voluntad humana trasciende. Hoy, nuestras decisiones pueden cambiar toda nuestra vida.


Soy un cínico, lo admito. Pero a la vez creo que el ser humano puede cambiar. Cambiar radicalmente, ser otro. Hoy puedo creer que un criminal, un asesino, deje sus vicios y cambie su camino. Hoy puedo creer que un pandillero decida ser útil a la sociedad y a sí mismo. Y se conviertan en honestos hombres de familia. Hoy podría confiar en el alcohólico que dice haber tomado su última copa.



El pasado importa, pero no hay nada como el presente. Y no importa lo que haya sucedido antes, una decisión que se ha tomado con todo el ser, no puede cambiar. La voluntad puede derrotar toda marca, todo "trauma", todo aquello que podríamos arrastrar, podemos dejarlo como verdadero pasado. Ese alcohol, ese tabaco, esa mujer, ese hombre. Todo puede quedar atrás. A fin de cuentas, la historia de cada persona no se escribe de atrás para adelante, sino de adelante hacia atrás. Lo que podemos hacer mañana y a partir de ahora.


Aquí y ahora, termina todo lo que fue, y con tu voluntad, mañana será totalmente distinto.


28 de diciembre de 2010

Pasado y Presente

¿Qué tan importante es el pasado? Dicen que quien no conoce su historia está condenado a repetirla. También dicen que la Historia es cíclica. El pasado es importante porque nos enseña de dónde venimos, y nos enseña quiénes somos, nos llena de experiencias que nos deben enseñar lecciones de vida que, si las asimilamos correctamente, nos harán mejores seres humanos, en lo particular, y mejores sociedades y una mejor Humanidad en lo general.


Sin embargo, yo supongo que al pasado se debe acudir desde el presente. Sonará risible, puesto que no se puede acudir al pasado desde otro momento que no sea el presente, pero hay personas que parecen no saberlo. ¿Acaso no es real la frase de "vivir en el pasado"? Es decir, vivir negando o queriendo negar que la realidad es como es en el presente, y no como era en el pasado. Desear que las cosas sean estáticas, inmutables, inamovibles. Que todo cueste lo que costaba hace cincuenta años, que todos saluden en la calle, que las madres sigan vivas y la música siga siendo "tranquila". Pero eso es prácticamente imposible, las realidades cambian, la gente cambia, el tiempo fluye. Es lo que se espera, y opino que es lo deseable. Los avances tienen sentido porque nuestra calidad de vida es mejor, y somos más sanos, y tenemos más tiempo libre, y la diversión puede ser más y más segura. Claro, los seres humanos no podemos evitar ser frívolos y utilizar los avances tecnológicos para cosas inútiles, pero eso no minimiza los beneficios.


¿De verdad la vida era mejor sin, por ejemplo, la telefonía celular? Los alumnos en las aulas ponían más atención, y los accidentes automovilísticos provocados por personas hablando por teléfono no existían. Pero si yo sufría un accidente en una carretera poco transitada, seguramente moriría. Si estallaba una guerra interna en un país pequeño, nadie sabría qué ocurrió realmente. Existen cosas buenas y malas en todo aquello en lo que los seres humanos se involucren, porque somos seres duales, confundidos, grises. Mas, lo que nos salvará será el pensamiento positivo, optimista, y no ver lo malo en cada nueva cosa que hagamos. Aunque irónicamente necesitemos del pesimismo también. Cualquiera de las dos visiones es miope por sí misma. Necesita su complemento. Así como el presente no es tan maravilloso si no toma en cuenta el pasado. Ni "todo pasado fue mejor" si no lo vemos desde el presente.


¿Ha de ser cierto, no? El pasado es bonito porque pasado es, y se mira bien desde acá esa vida más simple, donde ni siquiera existía la televisión para dividir a las familias y matar la imaginación. Pero a mí me sigue gustando el agua caliente. Y escribir en mi blog.


26 de diciembre de 2010

La Libertad

Definitivamente una de las cosas más importantes de la condición humana es la libertad. A mis 30 años, aún no he terminado de comprender su valor y su verdadero significado. No he terminado de comprender en qué consiste. Creo que puedo entender la diferencia entre la libertad y el libertinaje, o dónde termina mi libertad y comienza la de mi prójimo. Sin embargo, no sé si he sido capaz de utilizar adecuadamente mi libertad.


Sé que aún me preocupa lo que algunas personas pensarán de mí. Y sé que quizá podría hacer más por mí, para alcanzar más logros de los que he alcanzado y llegar más lejos, sin necesidad de hacer daño a nadie. Sé que aún tengo miedo al fracaso, miedo a mis propios límites. Y sé que de alguna manera el miedo es lo contrario a la libertad. El miedo no nos deja ser libres, es una carga, una atadura. La persona que tiene miedo no puede ser libre.


Sin embargo, puedo afirmar, en la medida en que he crecido, en que he envejecido, he ido ganando en libertad y perdiendo en miedo. Quizá algún día llegue a ser totalmente libre. Sé que me esforzaré en hacerlo, y que he llegado a un punto más allá del que han llegado otros a mi edad. Tengo la confianza de que llegaré más lejos de lo que han llegado muchos en toda su vida. Morir libre, quién sabe qué significa realmente eso. Quizá lo descubra por mí mismo algún día, o conozca a alguien con la suficiente sabiduría. Sea como sea, si el miedo es lo contrario a la libertad, la esperanza es su mejor amiga. Y yo soy un hombre de esperanza.


23 de diciembre de 2010

Magia Magia Magia

La magia del mundo es maravillosa. La magia de todos los días, y también la que nos asombra de vez en cuando. Esa magia a la que estamos acostumbrados y la otra, la que se inventan los magos y nos hace pensar que quizá eso pueda existir de verdad.


La magia que necesitamos. Y en la que necesitamos creer. Todos nosotros necesitamos asombrarnos de algo, creer que hay algo más allá de lo que consideramos real, de lo que vemos todos los días y con lo que nos relacionamos cotidianamente. Porque es más bonito así. Un mundo sin magia no valdría tanto la pena. Existen muchas personas que quieren negar la magia, hacer desaparecer el encanto de ser sorprendidos. Que todo tenga lógica y responda a las leyes de la ciencia. Sin embargo, ¿acaso la naturaleza no es mágica en sí? Todos los días sale el sol de nuevo y eso sigue siendo infinitamente grandioso para mí. Y mientras amanece acá, anochece en otra parte de este mismo planeta en el que vivo, y me mantiene sobre él en lugar de deambular por el espacio sin asidero alguno. Vivo, respiro, mi corazón late bombeando un líquido llamado sangre por todo mi cuerpo, que lo ayuda a vivir llevando nutrientes como un río que lleva peces. ¿Qué significa todo eso? ¿Qué sentido tiene? Es mágico, misterioso, fantástico, insuperable, imposible. La vida que poseemos, ¿qué es? ¿Qué es esta conciencia que me hace ver desde mis adentros a través de dos bolitas acuosas llamadas ojos, a un mundo de seres semejantes a mí, y otros tan distintos que caminan en cuatro patas, o que tienen pico, o que incluso llevan a cabo la proeza mágica de volar? Y todo eso mientras otros seres, semejantes a mí, carecen de la capacidad de usar esos mismos ojos que son para mí algo natural.


El mundo es mágico en sí, la naturaleza es mágica en sí. Comprendemos ahora mejor los mecanismos que hacen que, por ejemplo, nuestra piel no sea verde o celeste, mas aún no comprendemos las razones y el sentido detrás de eso. Nos sorprendemos cuando un mago ante nuestros ojos hace desaparecer a otra persona, y nos olvidamos de lo sorprendente del acto de desaparición permanente: la muerte. Nos duele, es cierto, pero no nos ponemos a pensar en la magia detrás de eso. Los juegos de manos nos maravillan, y el solo hecho de poder mover los dedos, esa conexión maravillosa y extraña entre la conciencia, el cerebro, los nervios y los músculos, entre tantas cosas involucradas en el proceso, son mágicas en sí.


El mundo se ha llenado de escepticismo y quiere saber. Y eso es excelente, pero seguimos conociendo permanentemente los cómo mientras los por qués siguen siendo inaccesibles. Por eso la magia sigue existiendo. Y la fe. Seguimos necesitando y temiendo conocer la razón última. Quizá dentro de cientos o miles de años las conozcamos, y logremos trascender. Y hacer verdadera magia por nosotros mismos.


20 de diciembre de 2010

Un Sólo Tiro

Una de las cosas que más me ha hecho reflexionar respecto a las consecuencias de mi enfermedad, es que puedo decir que solamente tenía un tiro, y no lo sabía. Hay cosas que puedo hacer con mi vida aún, muchas cosas, pero existen otras que ya no puedo hacer. Que si las hice, las hice una sola vez. Y ahora no se pueden evitar los arrepentimientos.


Claro, mi posición no es privilegiada. Todos tenemos arrepentimientos. No me refiero a que mi vida sea especialmente tortuosa o algo por el estilo. Simplemente estoy diciendo que me dí cuenta de eso. Algunas personas tardan mucho más en darse cuenta de las cosas que pudieron hacer nada más una vez en la vida y en las que perdieron la oportunidad. Algunas hasta en su lecho de muerte recuerdan y quieren haber hecho más. Algunos ven a sus nietos o sus bisnietos y sienten esa aprensión.


Yo viví gran parte de mi vida sin pensar en las consecuencias de mis acciones a largo plazo. Viví mi vida como si siempre fuese a tener la oportunidad de arreglar las cosas. Si me equivocaba, tendría de nuevo una oportunidad de hacer las cosas bien. Si mi matrimonio no funcionaba, podría deshacerlo o arreglarlo de algún modo, en algún momento. Y en algún momento podría tomar mi carrera más en serio o conseguir un trabajo mejor, tener más dinero. Pero resultó no ser así. Era como si pensara que en algún momento iba a comenzar a vivir. No me daba cuenta de que desde el primer momento que tenemos en este mundo, comenzamos a vivir. Y mientras más conciencia tenemos de quiénes somos y lo que queremos en la vida, tomamos decisiones que no son provisorias, sino que hacen nuestra vida. No puedo esperar un momento especial para comenzar a vivir, porque la decisión de esperar ya es en sí una decisión de vida.


Me preocupa ver, por ejemplo, a mis hijas haciendo lo mismo. Vivir como si en algún momento, más adelante, comenzarán a "pensar en su futuro". En lo que debemos pensar es en nuestro presente. No tenemos ninguna otra cosa. El pasado ya pasó, es inalterable, y el futuro nunca va a llegar. Lo único que tenemos es una serie de presentes que se suceden uno al otro y que se van en el mismo instante en que pensamos que lo tenemos. Debemos decidir sobre nuestro presente, conscientes de que otros vendrán y cómo queremos que sucedan. No es como armar un juego de dominós que luego pondremos en marcha para "ver qué pasa". Estamos viviendo HOY y las consecuencias son inevitables. Vivimos hoy y mañana no existe. Mañana será HOY. Complicado, ¿verdad?



Aprender a configurar los presentes que es lo único que tenemos, pero sabiendo al mismo tiempo que todo lo que hacemos tendrá consecuencias. Es difícil, pero se puede hacer. De todos modos, lo que hacemos no tiene vuelta atrás, construimos en la marcha. La vida es algo tan interesante de hacer...


16 de diciembre de 2010

Diario de la Esclerosis

Ayer terminé de ver una serie japonesa llamada "Un litro de lágrimas", la cual está basada en los diarios que escribió Aya Kitou, quien padeció de Ataxia Espinocerebelosa, una enfermedad del sistema nervioso que lo atrofia y aún no tiene cura. Tanto la publicación de su diario como la serie de televisión han servido de inspiración a muchas otras personas que padecen la misma enfermedad y otras semejantes, como sería en mi caso la Esclerosis Múltiple. La serie es conmovedora, y explora el sentido que una enfermedad tan grave puede tener para una persona tan joven como Aya, que comenzó con sus síntomas a los 15 años. Su sufrimiento y su lucha perduraron y encontraron su razón de ser en las personas que han ayudado en estos años.


Para mí es un buen ejemplo y un llamado a mi consciencia. No puedo evitar sentirme eludido y comprometido a hacer algo semejante. Claro, no escribo un diario ni soy tan joven como lo fue Aya. Tengo 30 años, estuve casado y tengo 3 hijas, no se puede afirmar que aún no he podido vivir. Sin embargo, quizá mis pensamientos, experiencias y reflexiones sirvan de algo a alguien. Seguramente no me publiquen, pero la fama y la fortuna pueden quedar un poco atrás de la satisfacción de haber cambiado la vida de alguien. Llevo más de dos años escribiendo, y quizá ya cambié la vida de alguien. Con alguna crítica, alguna reflexión, alguna opinión, un buen o un mal ejemplo. Esperar el agradecimiento de esa persona sería pura vanidad, y tener dos visitas diarias al blog serían suficiente para estar agradecido, así que lo que hago, lo hago por motivos intrínsecos.


Quiero comenzar e insistir en una serie de entradas llamadas "Diario de la Esclerosis", en las que plasme mis reflexiones, experiencias, dolores y satisfacciones relacionadas directamente con mi enfermedad. Quiero hacerlo libre de vanidad y dramatismo, no quiero parecer un enfermo abnegado y luchador, porque no lo soy. Algunos creen, y me lo han mencionado, que creen que soy fuerte o me admiran. Se los agradezco mucho, pero desde hace un tiempo creo que yo no tengo más problemas que los demás, sino simplemente problemas distintos. No creo ser más heroico que los demás. Sin embargo, sí admito que he aprendido mucho como consecuencia de mi enfermedad. Sobre todo debido a las cosas que he perdido y dejado atrás. Y con lo que he ganado, aunque quizá no lo parezca.


En conclusión, quién sabe, hasta podría terminar ayudando a alguien.


13 de diciembre de 2010

Navidad en Febrero

O en marzo. O en junio. O en septiembre. No importa en realidad, se trata de cambiar la fecha, no importa por cuál.


Es el tipo de ideas que escucho en la radio. Una persona que habla de cómo la Navidad se ha convertido en una fecha sólo para comerciar y consumir, que se ha olvidado el verdadero propósito de esta celebración. Sugiere que al cambiar la fecha a la festividad, se eliminará el factor dinero, y de nuevo se recuperará el verdadero significado de la fecha. Que la idea no es tan descabellada, pues en la Biblia no figuran datos exactos, y que el cambio es posible. Esta persona siente que podría ser el precursor del cambio, que las futuras generaciones, celebrarán la Navidad perfecta y recordarán a aquéllos que les enseñaron cómo hacerlo.


Qué idea tan mala, si me permiten decirlo.


Más allá de que si es posible o no cambiar la fecha de la Natividad del Señor Jesucristo según las ambigüedades de la Biblia sin alterar el resto del año litúrgico, ¿acaso eso cambiaría en algo la comercialización de la fecha? El análisis más superfluo revelaría que los primeros en anunciar con bombos y platillos el cambio oficial de fecha de la Navidad, serian los comerciantes. Santa Clós se rasuraría y utilizaría bermudas, pero seguiría llevando regalos a los niños del mundo entero y anunciaría el refresco de moda y las ofertas de electrónicos en los centros comerciales. Cambiar la fecha no cambiaría nada. Es una idea muy ingenua, para criticarla de un modo inocente.


Muchas cosas en este mundo han tratado de ser cambiadas por las personas al cambiarlas externamente, y eso dificilmente puede ser real. No se trata de cambiar las fechas de la Navidad, hay que cambiar a la gente. ¿Quieren ser pioneros? Entonces compremos regalos con significado más que con un precio alto, y antes de darlos a nuestros hijos, hagamos una reflexión acerca del significado e importancia de la fecha, de estar juntos, de compartir en familia, de apreciar lo afortunados que somos, y que el amor es el único que de verdad nos puede salvar. El amor unido a la inteligencia.


8 de diciembre de 2010

Haciendo Trampa

Me he dado cuenta de que a muchas personas les gustan los juegos de computadora. A mí mismo me gustan, pero no soy tan bueno jugando. También he aprendido que existen "trampas", los denominados "cheats" que hacen más fáciles los juegos. Hacen que las personas que no son muy hábiles, como yo, disfrutemos más del juego. Sin embargo, me he dado cuenta de otro fenómeno, y es que hay personas que ya ni siquiera lo intentan, sino que comienzan a jugar un juego con su colección de "cheats" a la mano. Ese es el problema del que quiero hablar.


Estas personas inician a jugar utilizando trampas, ni siquiera intentan jugar, medir sus habilidades. Para mí, es como si estuvieran declarándose como inútiles antes de si quiera intentarlo. En mi opinión, estos son los verdaderos perdedores en toda regla. No hay perdedor más patético que aquél que se declara a sí mismo perdedor, para él mismo y para el mundo entero. Todos podemos intentar algo y fallar, pues no somos perfectos. Pero decidir de antemano que no podemos, que somos insuficientes o inadecuados, es convertirnos en verdaderos fracasados.


Y esto se convierte en un problema para otros aspectos de la vida. Existen personas en este mundo que buscan a otros solamente para tener sexo. El argumento de ellos muchas veces viene a ser que simplemente buscan placer físico sin compromisos. Yo sé que sí puede ser posible, pero además tengo otra teoría. Estas personas también se están declarando perdedores de antemano.

 

Aquéllos que solamente buscan tener sexo con otros, nada más que placer físico también están haciendo trampa. No se consideran capaces de tener una relación seria con alguien. No creen poder compartir intimidad con alguien, la verdadera intimidad de una relación de pareja con otro ser humano. Sobre todo no se consideran capaces de lograr que alguien se enamore de ellos. De antemano, se están declarando insuficientes, inadecuados.

 

Las personas que sólo buscan a otros para acostarse con ellos son verdaderos fracasados en toda regla, porque se declaran a sí mismos, a gritos, que no pueden hacer más.



22 de noviembre de 2010

Reunión 1.0

Hace un par de días realizamos la primera reunión de exalumnos del Instituto San Ignacio, quienes egresamos en el año 1,995. Fue gratificante de varias maneras, pero sobre todo resulta interesante la forma en que casi no hemos cambiado. Por supuesto, algunos están más gordos, aunque no se note demasiado. Otros comienzan a arrugarse y a perder el cabello. Quince años de historias, multiplicadas por los siete que nos reunimos esta vez son demasiadas para una noche, pero cualquier comienzo es un buen comienzo.


Como los entrañables personajes de "Los Cachorros", ahí estábamos el Memo, el Chucho, Lepe, el Cochinillo, Pacheco, Von Quednow y el Abuelo. No es necesario que conozcan sus caras ni sus nombres verdaderos, ya que todos hemos tenido antiguas amistades que nos gustaría revivir. Anécdotas de adolescencia, enemistades y enojos, complicidades y chistes privados, que pertenecen a un círculo único e irrepetible en toda la historia de la Humanidad. Ese es uno de los mayores tesoros de la vida: la irrepetibilidad. Quienes sea que me lean me comprenderán, sea en cualquier parte de América o Europa, como extranjero extrañando su patria. Casos tan extraños y tan comunes a la vez. Me comprenderán porque la nostalgia es universal.


Gracias a la tecnología, al internet, pero sobre todo a los lazos humanos, se ha podido realizar esta reunión. Y quienes lanzan pestes sobre los avances tecnológicos y critican (con cierta razón) fenómenos como la pornografía, los consejos acerca del suicidio y el cyberbullyng del que he escuchado recientemente, también debe considerar cómo estos lazos de amistad se han recuperado, y cómo hubiese sido imposible 20 años atrás, quizá menos. Celebremos lo bueno, siempre es lo mejor en la vida. Celebremos los chistes antiguos y nuevos, las historias que renacen y las buenas nuevas de las que nos enteramos en una reunión (espero que sólo la primera) con la que seguramente ni siquiera soñamos 15 años atrás.


Así que, muchá, no sean rechas y los que no fueron a esta reunión, pónganse las pilas para que haya más mara la próxima vez.


14 de noviembre de 2010

Mágica Navidad

Ayer fue la inauguración del Árbol Gallo en la capital guatemalteca. Mucha gente asistió a pesar del frío y las dificultades de tránsito y la hora y lo demás. Todos querían presenciar la ceremonia. Mi abuelita lamentaba que no estuviera muy clara la imagen en nuestra televisión, tenía muchas ganas de que yo viera la transmisión. Yo no tenía interés especial en verla. No tengo nada en contra de estas celebraciones, pero no me entusiasma compartirlas. Quizá soy un poco amargado o un poco cínico, o quizá sean la misma cosa.


Cuando por fin comenzó la transmisión, anunciaron el primer espectáculo. Era un baile titulado "Mágica Navidad". Aparece un grupo de guapas señoritas con faldas cortas en una coreografía al ritmo de una canción de Frank Sinatra. Me pregunto, ¿qué tiene eso que ver con la Navidad? La canción, ciertamente era un tema navideño, pero no puede tener mucho que ver con nuestro país. La escena me recordó al Batman de Tim Burton, y esperaba a que el héroe oscuro de la capa se apareciera en cualquier momento. Me reí en mis adentros.


Lo repito, no es que sea un amargado, o que sea ultra nacionalista o algo por el estilo; es simplemente que encuentro sumamente irónico el hecho de celebrar la Navidad con canciones extranjeras en un idioma que la mayoría no entiende, asumiendo características de otras culturas y sólo porque estamos acostumbrados a verlo así en la televisión. Podríamos hablar de nuestras costumbres perdidas, de los valores y el verdadero significado de la Navidad. Pero, hay que admitir, es eso lo que "vende". Por varias razones, lo queramos aceptar o no, las cosas deben hacerse de esa manera para que las personas gusten de ellas. Porque es más bonito asistir a este tipo de espectáculo más parecido a lo que vemos en los canales de televisión por cable, donde todos sonríen y las cosas salen bien al final. Donde las familias se unen y la justicia prevalece. Nadie quiere recordar en esta época que hay gente muriendo de hambre y de frío, asesinatos en las calles y personas que vivirán un funeral en las fiestas que deberían significar la felicidad de todos.


Pero, creo, no es culpa de una conspiración neoliberal ni nada por el estilo. Creo. Se trata de que queremos olvidar en esta época que las cosas no salen siempre bien. Queremos esperanza, unión familiar, sonrisas, justicia, amor... No creo que eso esté tan reñido con el verdadero significado de la Navidad. Sin embargo, sí debo decirlo, quizá una mejor manera de cultivar los valores que queremos y llegar a la realidad que deseamos no sea a través de la construcción de una realidad "un poquito" alterada, sino a través de abrir los ojos a lo que pasa a nuestro alrededor, y darnos cuenta de que no se trata de que nos "regalen" un simulacro de esos valores, sino que somos nosotros, de adentro hacia afuera, quienes debemos aplicarlos y construirlos, en lugar de esperar que nos los regalen. Para que haya así, más que celebrar.


En cualquier idioma, con chicas en minifalda o en biquini si así lo deseamos. La magia será, no una ilusión, sino los milagros que nosotros realicemos juntos.