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2 de mayo de 2011

Uno de Mis Padres

Murió Ernesto Sabato. Siento una especie de vacío en mi interior al pensar que su persona ya no está, que sus actividades han cesado. Para mí, el mundo ha perdido una de esas personas que se dedicaban a hacer sólo cosas buenas por la Humanidad, y a tratar de abrir los ojos de quienes los han cerrado para ver sólo hacia adentro, a sí mismo. Ayer por la tarde lo lloré. En privado, a solas y honestamente.

Me di cuenta de que me duele mucho no haberlo conocido en persona. Para mí es como recibir la noticia de un pariente muerto en otro país, y efectivamente no tener dinero para viajar y presentar mis condolencias apropiadamente. Y vivir el duelo también con mayor propiedad. Quizá suene ridículo, pero siento como si de verdad haya muerto uno de mis padres. Leí “El Túnel” cuando era un adolescente muy perdido en mis confusos pareceres, y para mí fue como leer un diario de mi propio futuro. Es difícil explicarlo, pero fue una de las experiencias que me hicieron comprender que mi soledad no era tan única.

Yo comprendía a ese Juan Pablo, y quizá buscaba conocer a una Alejandra que me embrujara con su misterio y su dolor, con esa manera de ser tan distinta a la mía y que de alguna manera admiraba, al mismo tiempo que sentía que estaba más sola que yo.

El señor Sabato me transmitió cosas que nadie más ha podido transmitirme. Leer sus obras ha sido viajar a una parte de mi mente que desconocía, a través de viajar en la suya. Despertó en mí sentimientos y pasiones que yo había vivido nada más como confusión, y les dio un orden y un sinsentido que pude comprender. Le debo ser quien soy, le debo más de lo que creo, y su muerte me ha dolido tanto…

19 de junio de 2010

Antes de Dormir

A esa hora en que la oscuridad abraza a los que duermen,

cuando el silencio es suficiente para escuchar a los perros ladrando a algún desconocido

y quizá hasta un disparo nocturno,

A la hora en que la paz despierta y puedo pensar con la mente más clara

pienso en ti.

Reflexiono sobre nuestra felicidad hipotética,

fantaseo con que estás acostada detrás de mí, junto a mí en mi cama

y me abrazas y sé que no me dejarás ir.

Siento tus senos en mi espalda

y soy feliz.

Felicidad y paz reinan en las noches oscuras en que los demás duermen

y yo fantaseo con la vida que pudimos compartir si yo hubiese sido más maduro.

Luchar por ser feliz, luchar para hacerte feliz.

Quizá.



30 de mayo de 2010

Beso Robado

Después de 13 años, ella volvió a mi vida. No fue nada intencional, fue una entera casualidad. O tal vez no, las casualidades no existen y fue el hecho de que tuviéramos cosas en común lo que provocó que termináramos estudiando en el mismo lugar. Se miraba hermosa, todavía sentía ese mismo vuelco en el corazón al verla. Ella se portaba sumamente tierna conmigo, le expliqué que era por todos esos árboles que había decidido estudiar en ese sitio y no en otro. Ella me convenció de hacer un ejercicio al estilo new age. Yo me sentí algo avergonzado pero lo hice por ella, quería intentarlo por ella.


Al día siguiente ella se sentó a mi lado en clase. Yo no cabía en mí de la felicidad. Sentía verdadera dicha al estar a su lado, hablar con ella. Podíamos hablar durante mucho tiempo de cosas tan distintas, y aunque no necesariamente estábamos de acuerdo en todo, siempre disfrutaba de todas sus charlas. Yo no soy una persona que hable mucho, porque tengo la creencia de que hay pláticas que no vale la pena tenerse. Muchos temas son superficiales o inútiles, yo no soy el tipo de persona que tiene una conversación sólo por tenerla, por la incomodidad del silencio o para "socializar". No puedo, mas con ella todas esas conversaciones que teníamos no me parecían así.


Estoy seguro de que ella no es tan atractiva para muchos otros hombres por su delgadez. Su cuerpo es muy delgado, y sus formas no son marcadas, por así decirlo. Sin embargo, algo en su rostro siempre me pareció muy especial. Estoy seguro de que eso especial son sus ojos, grandes y expresivos. Siempre me ha gustado una mujer de ojos grandes. Y además, tenía una sonrisa hermosa. Sus dientes no son perfectos, pero su sonrisa era igual de expresiva que sus ojos, de esas que te causa alegría al verlas.


Sin embargo, ese día absurdo que parecía tan normal, en que estábamos juntos en un tiempo libre, como siempre, buscamos un lugar solitario para sentarnos. Ella se sentó primero, y luego yo. Me incliné de cierta forma (quizá adrede) al sentarme, que me hizo acercarme mucho a ella. No pude evitarlo, al sentir su cercanía la besé. Su labios estaban ligeramente húmedos, ligeramente fríos, y suaves como nunca lo imaginé. Ella se movió hacia atrás y yo la seguí, no podía dejar de besarle. Inmediatamente me arrepentí y me disculpé. Cerré los ojos para que desapareciera la realidad pero eso es imposible. Ella se molestó, creo, sentía tanta vergüenza que ni siquiera pude reconocer su reacción.


Más tarde la busqué para disculparme, pero decidí que lo mejor era esperar a que las cosas se calmaran. En el camino de regreso a casa vi algunas de sus flores favoritas. Me sentí completamente mal, no sé si malinterpreté las cosas.


Sin embargo, creo que esta historia puede tener un final feliz.


9 de febrero de 2010

Ropa Interior Azul

Anoche soñé de nuevo contigo. Hace poco lo hice, pero fuiste fugaz y discreta. Pude recordarte y apreciarte, pero no dejaste la marca en mí que dejaste anoche.


Anoche soñé que estábamos en una habitación, solos. Soñé que éramos pareja, que disfrutabas de mi compañía como la de nadie más y me sonreías. Me abrazabas y me besabas, y yo hacía igual, con tanta alegría sintiéndote mía. Pero yo quería llegar más allá, yo deseaba tu cuerpo. No me conformaba con tus besos y el olor de tu cabello y mirarte a los ojos para confirmar que no deseabas nada más que ese momento juntos.


Te pedí tocarte.


Tú jugabas conmigo, te reías mientras decías que lo pensabas aunque ya habías tomado la decisión. Te levantaste de la cama donde estábamos sentados y entre risas y vergüenza tomaste mi mano y la llevaste dentro de tu pantalón. Sentí tu calor, que no era el calor normal que se siente debajo de la ropa, y entonces no pude detenerme. Nos acostamos en la cama y comencé a tocarte. Llevabas ropa interior azul, de un azul profundo igual al color de mi alma, y tu piel era blanca y suave. Pude tocar tus senos por fin, grandes, firmes y redondos. Besarlos y conocerlos. Tomé tu cintura, blanca y mía, delgada e impaciente. Recuerdo tanto el color de tus pezones, mezclados con el color azul de mi alma. Ni siquiera podía verte  bien por lo cerca que estábamos.


Entonces desperté, con ganas de escribir.


3 de enero de 2010

Tiempo Implacable

Tiempo implacable, no te detienes ante nadie, no importa quién te enfrente, siempre lo derrotas. Sólo los más grandes personajes de la Historia de la Humanidad han podido sobrevivir a tu lanza, y sin embargo sólo lo hacen en el recuerdo, nadie puede evitar las arrugas, el deterioro, la pérdida de protagonismo, que ya no lo tomen en serio. Siempre habrá alguien que releve, una nueva idea, alguien mejor que sabrá aprovechar las experiencias de sus antecesores. Alguien que envejecerá y verá cómo la siguiente generación lo releva.


Películas, libros, leyendas e historias de seres inmortales, la fantasía de muchos, el deseo de tantos, la realidad de nadie. ¿De nadie? Nos gusta pensar que en algún lugar del mundo quizá existan realmente esos seres eternos, que quizá realmente exista la posibilidad. El mundo sería un mundo más triste si no hubieran seres inmortales. Porque todos los días somos más viejos, nos enfrentamos a un espejo sincero y letal que nos recuerda que cada día que vivimos es uno más en la cuenta regresiva al cementerio.


Nadie puede, no existe cirugía o poción que nos deje tal y como estamos. Y sin embargo, existen personas que sólo envejecen por fuera. Y no hablo de lo positivo, de un corazón joven y soñador, sino de aquellos quienes quieren vivir siempre como niños, como adolescentes, haciendo lo que su cuerpo ya no puede, pensando las cosas que su edad les mandaría a no pensar. Todos debemos madurar, pero hay quienes a los que solamente les llega la edad, y no la madurez. Son los que más temen a le vejez y la muerte, como si nunca les diera tiempo para hacer lo que desean. Mas, es un engaño porque en realidad todo tiene su tiempo, y todo lo podremos hacer sin tratar de comernos al mundo.


Todo a su tiempo, incluso la muerte.


10 de marzo de 2009

Cerca del Suelo

En mis sueños muchas veces estoy huyendo.

Corro desesperadamente, corro tan rápido que despego los pies del suelo.
Algunas veces he robado algo, otras veces hice algo malo;
otras veces simplemente huyo, me persiguen.
Los escenarios son las calles, la montaña, un bosque, lo alto de un edificio.
Incluso en ocasiones me veo obligado a saltar del edificio, pero no caigo,
simplemente sigo huyendo, corro hasta que vuelo.

Sin embargo, siempre estoy cerca del suelo,
siempre estoy corriendo,
no me alejo de mi realidad por muy rápido que huya.
Una sensación de euforia, de miedo, de vértigo me invaden
mas no me consumen.

¿Huyo de mí mismo? ¿Huyo de mis miedos?
No lo sé.
Quizá estoy huyendo en busca de tus brazos,
y tus labios y tu corazón sean el final de mi travesía
y pueda por fin descansar.


a Claudia

17 de febrero de 2009

Un Centavo

Había una vez un hombre desolado. No era el primero ni el último ni el único de la Humanidad, pero eso no le importaba mucho. Su esposa, quizá la persona que más lo había amado en el mundo, murió. Su hijo mayor parecía culparlo por ello, o al menos guardarle un profundo rencor relacionado con la muerte de su madre.

Tenía un trabajo estable, una familia y amigos que lo apoyaban, pero a la vez no tenía nada. A veces hablaba con Dios para agradecerle lo que tenía. Otras veces hablaba con Él para reprocharle lo que le había quitado. En otras ocasiones simplemente hablaban. No sabía qué hacer con su vida, con el nuevo destino que la vida le había deparado, y dejó que su dolor comenzara a envenenar los demás aspectos de su vida. Las relaciones con su familia se deterioraron, con sus amigos también; su trabajo era cada vez peor en muchos aspectos. Comenzó a empobrecerse como reflejo de su alma, de sus ganas de vivir.


Un buen día, cansado de estar cansado, se despertó con unas pequeñas renovasdas ganas de vivir. Pidió con todas sus fuerzas a Dios que le permitiera comenzar de nuevo. Sabía que debía comenzar por algún lado, y pensó que su trabajo podía salvarle, que era uno de los aspectos más importantes de su vida, que podía ser un buen comienzo. "Dame un centavo", pidió a Dios. Era ridículo, arbitrario, nimio, pero se aferró a su idea como la única esperanza que tuviera, como un niño encaprichado que no comprende ni siqiuera lo que desea. "Dame un centavo", pensaba.


Salió a la calle. Encontró cinco.

10 de febrero de 2009

#1 Cartas Insolentes

Y tú que lo borrabas todo,
que te devorabas al mundo,
con tu mirada tan alerta y tan tuya...
Y que venías desde tan lejos,
para enender a mi alma deshilachada.
Ayer que te besé había vino blanco en tu boca,
y un deseo absurdamente obstaculizándome la vida.
¡Qué natural y qué extraño eso de que tú hayas
vuelto!
Estoy acostumbrada a amarte con un silencio
parecido al
que tienen las mariposas solas.
Te dejo mi sombra (una aguja afilada que hiere la
calle),
y que con ojos tristes examina los muros que te
circulan.
Te dejo mis dedos que recorrieron tus teclas, tu
vientre
y tu pecho habitado por todos mis sueños dormidos.
Te dejo todo porque me pesa en la espalda y
cautiva con
su insistencia a mi corazón ya un poco cansado.
Te dejo mis formas que siempre fueron tuyas,
mi tiempo que ya no es el de nadie,
mis soles y mis lunas, y mis claroscuros destellos...
Ven, pero ven ya, que te exijo que me devuelvas los
mil
abrazos que me debes,
las mil y una noches que nos faltan;
manosear mis tristes cicatrices.
¡Qué importa ya el mundo que gira desbocado!
Si yo me dejo a ti, y por si fuera poco,
te dejo mis alas a medio batir,
y un poco de la búsqueda de la fuente del orgullo
donde la
muerte muere. Y también entre grandes relámpagos,
algún llanto
que tuve como un poco de polvo entre las uñas.
Acepta esto como mi más frágil cordura.

Como lo único que me quedó de tanto tiempo...

ESTELLA DE MARÍA

(El poema no es mío, pero me encanta y creo que vale la pena que muchos lo lean.)

24 de agosto de 2008

Estoy Vivo

Estoy vivo. Asisto a la celebración de la vida. Observo el cielo azul y el sol brillante allá arriba, siento su calor y al cerrar los ojos percibo mejor el viento tibio que apenas sopla. Escucho los automóviles, los pasos de las personas, las voces, pero prefiero la naturaleza. La nube que se mueve lentamente, el ave solitaria que vuela hacia no sé dónde.

Estoy vivo. Recuerdo mi niñez, algunos de los momentos más importantes y que me hicieron feliz. Las cosas que me hicieron llorar y que significan mucho para mí a pesar de que si las viviera hoy no tendrían ninguna trascendencia. Repaso mi adolescencia y todos los cabos sueltos. Reflexiono acerca de si he alcanzado todas mis metas, si mis sueños se han cumplido, si estoy conforme con la persona en que me he convertido. Es un momento para recordar las palabras que alguien dijo: "que el niño que fuiste se sienta orgulloso del hombre que eres."

Estoy vivo. He amado, y he llorado. He conocido el poder que tiene el perdón. Exploré mi capacidad de odiar y de sentir compasión por alguien más. Mis tristezas se han colmado de lágrimas y mis odios han perecido con el tiempo, el amor, el olvido y la distancia. Mis miedos más grandes han sido imaginarios, una pérdida de tiempo, porque el único miedo real es el miedo a la muerte, y éste también está injustificado, pues todos moriremos algún día.

Estoy vivo. Soy feliz. Me asaltaron y me hirieron; yazco en un charco de sangre, no tardaré mucho en dejar este mundo que tanto amé y en el que dejé que me amaran. Pero aún estoy vivo.

18 de julio de 2008

Lo Prohibido

Yo te buscaba, sé que te buscaba
por ese laberinto conocido de la vida cotidiana
en que te he perdido tantas veces.
Y sabía que tenía que encontrarte,
porque me estabas esperando,
porque tenías ganas de amarme,
porque tenía ganas de amarte.

Afortunadamente te encontré
y al instante estabas desnuda
completa, mía, escondida en el disfraz de tu piel.
Y comenzamos a amarnos,
me complacías, te divertías,
me disfrutabas, me hacías sentir bienvenido.

Sentía todo mi cuerpo al sentir todo tu cuerpo
y no había duda alguna de que estabas ahí,
de que eras mía, de tu piel suave,
de tu calor, de tu felicidad.

Todo era placer y cuerpo y fantasía hecha realidad
hasta que llegó mi madre. Me tuve que esconder.
Pero sabía que no la engañaba, salí al descubierto,
y me desperté…

Entonces me pregunté, ¿qué hacía mi madre en ese sueño?

Y decidí que tenía que escribir acerca de lo prohibido.
.
.................................................................LuisFH

14 de julio de 2008

La Piedra Azul (3a parte)

Mis papás pelearon de nuevo. Según mi mamá mi papá es un irresponsable y un borracho, y según mi papá mi mamá lo está engañando con uno de sus compañeros de trabajo. Yo sé que los dos tienen razón, y que además se preocupan demasiado de ellos mismos como para darse cuenta de que sus dos hijos escuchan siempre sus malditas peleas. Tenía tanta rabia y desesperación que cuando estaba en mi cuarto tratando de ignorarlo, lo que hice fue tonar de nuevo mi piedra mágica y pedirle que se callaran. Pero en ese momento dejaron de pelear, gracias a Dios, y por fin tuve algo de tranquilidad. Comencé a pensar en si no será cierto que la piedra funciona, pero algo como eso no puede ser posible, estamos en el mundo real, esas cosas no pasan.

* * *
Hoy ya no sé qué pensar. Claro que la piedra me quitaba las molestias del brazo, pero no era la piedra, sino que mi mente actuaba sobre mi cuerpo por convencimiento. Aquella vez simplemente mis papás se callaron al mismo tiempo que yo pedía que lo hicieran, pero no puedo decir que la piedra DE VERDAD haga todo eso. Sin embargo, esas cosas me pusieron a pensar, y terminé haciendo una prueba formal. Me levanté hoy en la mañana y le pedí a mi piedra mágica encontrarme dinero tirado en calle hoy que saliera. No le pedí un monto específico, la primera vez, pero luego hice la prueba con cincuenta quetzales. Antes de salir en la tarde, después de haberme encontrado veinticinco centavos en la mañana, le pedí de nuevo a mi piedra, pero esta vez pedí encontrarme un billete de cincuenta quetzales. Y pasó. PASÓ. El corazón me latía fuertemente cuando pude ver el billete conforme me acercaba. Era una felicidad tan grande que me daban ganas de saltar, pero claro que no lo hice. Sólo levanté el billete y seguí caminando, con una sonrisa en la cara y euforia en el corazón. No tanto por el dinero, sino por saber (o tal vez creer) que mi piedra sí era mágica. Por estar confirmando, quizá, que poseía algo de verdad invaluable, que comparado con ello, cincuenta quetzales no son nada. Una piedra mágica que concede deseos.

Pero hasta más tarde recordé y pensé: “¿se habrá muerto el hombre que casi me atropelló?”

12 de julio de 2008

La Piedra Azul (2a parte)

Después de eso me acosté porque me sentía mal. Me dolía la cabeza y me dolía el brazo. Tampoco podía dormir. Daba vueltas en mi cama, hasta donde se puede dar vueltas con un maldito yeso en el brazo, y luego concluí que definitivamente no iba a poder dormir. Volteé hacia un lado y ahí estaba mi piedra mágica. La tomé con la mano buena y la acerqué de nuevo a mis labios y susurré, apretando los ojos porque esta vez sí lo deseaba: “quítame este dolor, por favor”. Jamás creí que a mí me sucedería, pero lo pedí con tanto fervor que de verdad se me quitaron los dolores y pude dormir. Creo que a eso se le llama somatizar o algo así en psicología.
.
* * *

Mi brazo ha seguido mejor, me duele menos y ahora lo que tengo que soportar es la picazón que me atormenta de vez en cuando, Pero lo único que tengo que hacer es pedirle a mi piedra mágica que me quite las molestias y todo bien. Es curioso, no funciona cuando sólo cierro los ojos y me concentro en que ya no quiero que me pique el brazo, sino que sólo funciona cuando se lo pido a la piedra. Es como si se hubiera convertido en un objeto especial para mí, como si de verdad creyera en la magia de la piedra y por eso mi mente sólo funcionara cuando le pido un deseo a ella. Como cuando alguien le pide a un santo conseguir empleo, y casualmente lo consigue, y luego la persona cree que fue obra del santo.
.
Por supuesto que a nadie le cuento de esto, porque todo mundo se va a reír de mí. El otro día le comentaba a mis amigos que la fuente que está en medio del patio del colegio es bonita, que me parece que la construyeron con bastante cariño, que le pusieron esmero, y ellos se me quedaron viendo con una expresión de “después nos vas a salir con que leamos y les leamos poemas a nuestras novias”. Así que mejor dejo esas cosas para mí mismo, no sé si ellos son los que no me comprenden o soy yo el que es más maduro que ellos. Creo que son las dos cosas al mismo tiempo. Si les digo que tengo una “piedra mágica” que me quita las molestias del brazo les daré motivos para que se burlen de mí hasta que se mueran. O hasta que yo me muera, lo que pase primero.

10 de julio de 2008

La Piedra Azul (1a parte)

Hoy tuve un accidente. Me atropelló un automóvil en una calle cerca de mi casa, y es que soy un tonto… Iba caminando, pensando en mis asuntos, molesto con mi mamá otra vez, deseando que todo el mundo se muriera. Menos yo, por supuesto, porque leí en una revista hace como cinco meses, que cuando uno piensa esas cosas se hace daño de verdad, por el inconsciente y todo eso. Así que iba pensando en la forma en que me gustaría que murieran algunas de las personas que odio, cuando me atropelló un tipo. No fue tan fuerte, sino no lo estaría contando, fue más un golpe contra el costado del auto, pero igual caí al suelo y me quebré un brazo. Alguien más a quien odiar. Al dueño del automóvil gris que casi me pasó por encima.

Ya sé, se supone que ni siquiera debería de enfrentar los problemas huyendo, enojándome, pero tengo 17 y no puedo, por más que lo intente. NO PUEDO. Soy malhumorado, callado, malencarado, a veces no me dan ganas de hacer nada y de todos modos NO IMPORTA, porque NADA importa. Así que me tuve que aguantar la ida al hospital, la cara del médico y todo lo demás. Ni siquiera tuve la dicha de quebrarme el brazo con el que escribo, así estaría descansando más, pero tendría más ideas tontas dándome vueltas en la cabeza.

Nada interesante, sólo unas cuantas horas perdidas, atenciones de más en la casa, helado de consuelo. Hasta el momento en que la encontré. Iba de nuevo por la calle, esta otra vez sin enojo y con cuidado. Vi esa piedra azul transparente (¿?), me gustó y la recogí. Fui a traer lo que me mandaron a comprar, y regresé con mi pequeño tesoro de niño en la bolsa. No sé por qué me gustó tanto. El color, la forma, no sé. Yo ya no hago cosas de niño… casi nunca. Me imaginé que podría ser mágica, porque una piedra tan bonita no podría ser normal, así que cerré los ojos y le susurré un deseo: “deseo que se muera el idiota que casi me atropelló”. Me sentí bien, porque me imaginé que se moría el tipo. De una enfermedad, de un ataque, de algo rápido, que lo mataban, que lo atropellaban… Fue bonito pensar por un momento que la magia existía y que la podía usar en mi beneficio.