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15 de abril de 2009

En la Intimidad

Una definición de la intimidad que me parece excelente es que es ese espacio, mental si se quiere, al que nadie puede tener acceso. Es un espacio que mantenemos exclusivamente para nosotros, no es ni siquiera un secreto: es más que eso. Este concepto no se debe confundir con el de "privacidad", que es un espacio también muy secreto, pero que se puede decir que está compartido con alguien más. Con tu familia, con un amigo, con tu pareja, con tu perro, tienes privacidad, pero a la intimidad NADIE tiene acceso.


Eso es bueno, puesto que todos tenemos un espacio de nuestra mente, de nuestra personalidad al que de cualquier forma NO QUEREMOS que nadie tenga acceso. Podemos mentir, negar, engañar, fingir, actuar, respecto a la verdad que contiene nuestra intimidad, y eso es bueno porque nos hace tolerable la interacción social, la vida misma. Hay que aceptarlo, nadie toleraría vivir con nadie si todos tuviéramos acceso a los pensamientos de los demás.

Por esto mismo, el regalo de las interacciones humanas es muy grande, y aún más grande el regalo de la privacidad. Cuando compartimos un secreto con alguien, donamos parte de nuestra intimidad a la otra persona. Ni siquiera podemos decir que el otro "entra" en nuestra intimidad, sino que somos nosotros los que decidimos que el otro puede conocernos un poco más, y eso es un regalo grandioso, si nos ponemos a pensar en ello.

Compartamos secretos, pero hagámoslo con aquellos con quienes vale la pena hacerlo, y si le damos la importancia que debemos, vamos a descubrir relaciones interpersonales más satisfactorias, significativas y placenteras. ¡Arriba la intimidad!

12 de abril de 2009

Dos Años


La gente no deja de sorprenderme, pero no puedo afirmar que sea para bien en todas las ocasiones. Esta última vez que estuve en el hospital tuve la oportunidade de conocer a un hombre, prototipo de lo que muchos otros son, lamentablemente.

Este compañero llegó con mucho malestar, me contó que padecía de hidrocefalia y que le tendrían que operar. No estoy seguro de eso, no importa en realidad. La primera vez que comió vomitó todo, dijo que se sentía mal y me contó que tenía una "hernia en la boca del estómago". Yo, en mi inocencia, le pregunté si la hernia podía operarse, me contestó que sí, y que probablemente lo haría después de que le trataran el problema en su cabeza (y no me refiero a su mente, sino a su cerebro). Fue entonces que pequé de nuevo de inocencia, y le pregunté acerca de cuánto tiempo llevaba enfermo de la hernia. Su respuesta fue "dos años...".

¿QUÉ? ¿Qué le pasa? Su justificación era que tenía mucha fe en Dios, y que por eso no se había puesto peor y que todo iba a salir bien. Prácticamente me dijo que no tenía que hacer nada, porque tenía fe. ¿Acaso Dios es una especie de sirviente o empleado nuestro al que le pagamos con moneda de fe para no tener que mover un dedo y Él nos resuelva todos nuestros problemas? Detesto esa fe, y detesto a esa gente. No entiendo la autocomplacencia de una persona que cree que con veladoras, oraciones, alabanzas y lecturas de Biblia puede olvidarse de sí mismo y de la responsabilidad en su vida, asumiendo que será recompensado por su "buena conducta". No me molesta que se "porten bien", me molesta que piensen que no tienen que hacer nada por sí mismos para mejorar su vida.

¿Qué sucede con esta gente? No quieren asumir la responsabilidad ni siquiera de sí mismos. Lamentable. Trágico.

11 de abril de 2009

De Noche Para Siempre (IV)

Como dije, de pequeño siempre fui solitario. No tuve hermanos ni hermanas, mi tío siempre estaba fuera, estudiando, trabajando, con sus amigos, qué sé yo. Mi mamá trabajaba cuidando a los nietos del ingeniero, mi abuelita también trabajaba siempre. Yo me la pasaba a solas en mi cuarto, conmigo mismo, con la televisión, los libros de mi tío y mi imaginación. Creo que así fue como aprendí a estar siempre solo, a no necesitar realmente la compañía, a que podía ser yo mismo solamente cuando no había nadie más, a crear mis propios gustos y modos. Mi familia siempre estaba ocupada, y en muchas ocasiones, cuando les buscaba, resultaba que yo era no más que una especie de estorbo, interrupción, algo que estaba quizá de más.

Ya he mencionado varias veces que soy psicólogo, y tengo razones para creer que fui abusado. No puedo decir cómo ni por quién ni siquiera, pero sé lo que siento y lo que conozco como psicólogo, y esas cosas me hacen dudar. A pesar de ser un niño solitario, fui bastante normal hasta más o menos los seis años. Recuerdo que me gustaba jugar fútbol, que tenía amigos y amigas, que no tenía problemas con el sexo opuesto, que me gustaba hablar y cosas así. Pero a partir de los seis años más o menos, cambié. Comencé a retraerme, no me gustaron más las mismas cosas, y tuve un par de incidentes en que me oriné sobre la ropa en la escuela. Pudo ser un problema en una fase del desarrollo psicosexual según Freud, pero quién me lo podría decir. Tengo otros recuerdos, más privados, que me hacen sentir muy incómodo a veces.

En fin, a partir de eso ya no fui el mismo, y me retraje, me aislé. Y quizá también fue en esa época en la que mi inteligencia (o inteligencia aparente) se convirtió en lo que me distinguía, y la gente dejó de conocerme por otra cosa que no fuera que era "muy inteligente". Lástima.

9 de abril de 2009

De Noche Para Siempre (III)

¿Qué debe ser una niñez "normal"? ¿Feliz? ¿Llena de retos y problemas? ¿Llena de amigos y compañía? ¿Una familia amorosa, intelectual, estricta, permisiva? Creo que la brecha entre lo que es una niñez "normal" y lo que es una niñez "ideal" sigue siendo bastante amplia, y aunque para la televisión y los psicólogos pueda estar bastante claro, en la práctica simplemente no lo es.

Yo no tuve hermanos, vivía en una casa que no era mía y donde podría decirse que éramos habitantes de "segunda clase". Nunca fui muy sociable, pasaba la mayor parte del tiempo a solas en mi cuarto, mi familia siempre estaba muy ocupada como para estar conmigo, mi mamá siempre pasó más tiempo cuidando a otros niños que criando su propio hijo. Vivíamos en la casa de un ingeniero, y lo más cercano que tuve a tener hermanos fueron los nietos de él. Sin embargo, como dije, siempre sentí que no valía lo mismo que ellos. Siempre llevaba las de perder, siempre tenían lo que no tenía y deseaba, siempre sentí que que no era igual, a pesar de ser igual.

No tengo memoria, apenas recuerdo uno o dos episodios, no sé por qué. Recuerdo que una vez, muy pequeño, jugamos con las sillas pequeñas que llevaron para un cumpleaños. Colocamos las sillas en fila con la nieta mayor del ingeniero, Dinorah (a quien podría llamar mi hermana), en forma de "trencito" y luego pusimos los peluches y muñecos de ella sobre las sillas, cual pasajeros. Lo recuerdo mucho y me divertí mucho. No sé por qué me gustó tanto que aún hoy lo recuerdo. No creo que haya sido algo increíble ni sumamente original, pero siempre será un recuerdo completamente grato para mí. Supongo que fui feliz en ese momento.

5 de abril de 2009

Veni, Vidi, Vici

Regresé del hospital, bastante recuperado de la crisis, mas un poco más dañado que antes. Es algo frustrante conocer casos de Esclerosis en los que los pacientes solamente sufren recaídas y luego están bien. Yo llevo más o menos tres años con esto, y desde que comencé sólo he empeorado. No he mejorado nada, y cada vez que tengo un brote de la enfermedad quedo "un poquito" peor. A estas alturas no puedo usar las piernas y mis brazos comienzan a fallar. Es triste, debo admitirlo, pero no me queda más que seguir lo más adelante que pueda.

De todos modos, retroceder no tiene la más mínima lógica, ¿o sí?