Mi amor por la animación japonesa nació en 1997, al ver los Caballeros del Zodiaco (Saint Seiya). Ya antes había visto otras series, como las proverbiales Sailor Moon y Dragon Ball. Sin embargo, carecían de las características que las hicieran inolvidables para mí. Opino que Sailor Moon es la historia de una niña tonta con mucha suerte y que vive la fantasía del príncipe azul, así que no tendría mucho con qué identificarme. Y Dragon Ball es para mí la historia del macho fuerte que se hace cada vez más fuerte, que es "muy hombre" y tiene a las mujeres sometidas a él, aunque tiene los valores de amistad y respeto por la vida "de los buenos". Tampoco me identifico con el papel de macho, a pesar de ser latino. No me gustan los estereotipos.Sin embargo, los Caballeros de Zodiaco me enamoraron. Es cierto, también es la historia del hombre fuerte que se hace más fuerte y tiene a sus pies a su mujer, pero me parece que la historia tiene un fuerte componente de honor y verdaderos valores de hombría, no de machismo. Quizá esté equivocado, pero sea como sea fue así que me enamoré. De las historias donde los hombres se sacrifican por una causa, por otros hombres, por la mujer que aman. Hombres que luchan para ser mejores y hacen sacrificios por sus ideales. Maestros que mueren para que sus estudiantes aprendan lo que deben aprender. Ver grandes valores tanto en los "buenos" como en los "malos". Aprender que todos los puntos de vista pueden tener algo de razón.
Por eso pude sentir que crecía con los Caballeros del Zodiaco. Que los personajes crecían y maduraban, no solamente se hacían más fuertes. Que les dolía en el cuerpo y en el corazón las cosas que sucedían, y que los que morían lo hacían de verdad. Los buenos y los malos tenían motivos para serlo, y no lo eran gratuitamente. No eran malos "porque sí".
Me conmovió tanto el capítulo donde un caballero se sacrifica a sí mismo por la mujer que amaba, para que el hombre que ella amaba pudiera vivir. Me conmovió la clase de amor que verdaderamente está dispuesto a hacer el máximo sacrificio por la felicidad del ser amado. Así debe de ser.