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12 de enero de 2010

Caballeros del Zodiaco 1

Mi amor por la animación japonesa nació en 1997, al ver los Caballeros del Zodiaco (Saint Seiya). Ya antes había visto otras series, como las proverbiales Sailor Moon y Dragon Ball. Sin embargo, carecían de las características que las hicieran inolvidables para mí. Opino que Sailor Moon es la historia de una niña tonta con mucha suerte y que vive la fantasía del príncipe azul, así que no tendría mucho con qué identificarme. Y Dragon Ball es para mí la historia del macho fuerte que se hace cada vez más fuerte, que es "muy hombre" y tiene a las mujeres sometidas a él, aunque tiene los valores de amistad y respeto por la vida "de los buenos". Tampoco me identifico con el papel de macho, a pesar de ser latino. No me gustan los estereotipos.


Sin embargo, los Caballeros de Zodiaco me enamoraron. Es cierto, también es la historia del hombre fuerte que se hace más fuerte y tiene a sus pies a su mujer, pero me parece que la historia tiene un fuerte componente de honor y verdaderos valores de hombría, no de machismo. Quizá esté equivocado, pero sea como sea fue así que me enamoré. De las historias donde los hombres se sacrifican por una causa, por otros hombres, por la mujer que aman. Hombres que luchan para ser mejores y hacen sacrificios por sus ideales. Maestros que mueren para que sus estudiantes aprendan lo que deben aprender. Ver grandes valores tanto en los "buenos" como en los "malos". Aprender que todos los puntos de vista pueden tener algo de razón.



Por eso pude sentir que crecía con los Caballeros del Zodiaco. Que los personajes crecían y maduraban, no solamente se hacían más fuertes. Que les dolía en el cuerpo y en el corazón las cosas que sucedían, y que los que morían lo hacían de verdad. Los buenos y los malos tenían motivos para serlo, y no lo eran gratuitamente. No eran malos "porque sí".



Me conmovió tanto el capítulo donde un caballero se sacrifica a sí mismo por la mujer que amaba, para que el hombre que ella amaba pudiera vivir. Me conmovió la clase de amor que verdaderamente está dispuesto a hacer el máximo sacrificio por la felicidad del ser amado. Así debe de ser.



10 de enero de 2010

De Noche Para Siempre (LXXX)

Durante 1,999 y 2,000 trabajé en el Colegio Amor y Sabiduría, en Villa Nueva. El colegio es propiedad de los padres de un amigo mío, Mario René. En aquella época nos frecuentábamos más y éramos más unidos. Hoy en día casi he perdido contacto con él. Durante el tiempo que laboré en ese lugar aprendí mucho. La mamá de mi amigo, la directora, me enseñó muchas cosas que no aprendí en el año anterior, cosas que me sirvieron durante todos los años subsiguientes en que trabajé como maestro.


El año anterior algunas alumnas habían mostrado cierto interés por mí. Varias de ellas no me interesaban. Y algunas de las que me interesaban no mostraron interés por mí. Como fuera no importaba, pues yo estaba muy enamorado de mi novia y no le sería infiel. Al año siguiente me casé, y las cosas de todos modos no pintaban como para serle infiel a mi esposa. Con el tiempo supuse que la falta de interés de mis alumnas sería por mi edad, que yo era mayor y por eso no mostraban el mismo interés. Después me di cuenta de que era mi estado civil el que las alejaba. Y tenían razón, el que estaría siempre equivocado era yo.


En 1,999 quien mostró interés por mí, un poco más de lo debido debo decir, fue una alumna llamada Cindy. Me lo dijo, pobre niña con problemas, en el colegio, sin indirectas ni recursos aniñados. Me dijo que yo le gustaba y que deseaba que fuera su novio. Obviamente yo le dije que no me interesaba, y pensé que ahí terminaría todo. No fue así, tiempo después me enteré de que ella decía por ahí que yo era su novio, que la quería y todo eso. Fue mi primer escándalo colegial, sin fundamentos y con toda mi inocencia por primera vez.


8 de enero de 2010

De Noche Para Siempre (LXXIX)

Yo siempre fui bastante detallista. Desde niño me gustó hacer cosas creativas con papel y colores. A mis amigos les hacía tarjetas para Navidad, completamente hechas por mí y con citas de libros o frases "profundas" que se me ocurrían. Cada año con un motivo distinto. Ya sea en los dibujos que hacía, los materiales que usaba, los colores, el tamaño... siempre algo distinto y común a todas las tarjetas que hacía.


Al hacerme novio de Sugey, pude darle más rienda suelta a mi creatividad y hacer cosas "lindas" o "tiernas" o "cursis" sin preocuparme por si mis amigos me verían raro. Y lo hice, usé mi creatividad y mis ganas de dar como no lo había hecho antes. Dibujos, tarjetas de diferentes estilos y con distintos materiales. Todo hecho con mucho amor, con frases de mi propia inspiración o tomadas de otros autores, con la debida referencia para no plagiar. Llegó el momento en que ella fue coleccionando en un cuaderno todo lo que yo hacía para ella. Orgullosamente puedo decir que después de casado seguí teniendo esos detalles con ella.


Sin embargo, el error más grande que cometí con ella es que le fui infiel. Varias veces. Y todo comenzó aún siendo novios. Por fin pude besar a Vicky, quien nunca estuvo interesada en mí, y de todos modos nunca lo estaría. Pero le confesé a mi novia que lo había hecho, y me perdonó. Supongo que eso fue lo que hizo que después le fuera infiel de nuevo y varias veces, porque ella me perdonaría. Sin embargo, las cosas se fueron deteriorando muchísimo. Recuerdo que una noche regresé a casa, ella había descubierto una de mis infidelidades y encontré el cuaderno en que coleccionaba mis cosas, roto y en la basura.


Fue tan doloroso que después se me hizo muy difícil tener un detalle con ella, e incluso con otras personas. Tanto, que después de tener cada vez menos, dejé de tenerlos. Me dolió a tal punto que quizá se rompió para siempre algo en mí. Mas, fue mi error, mi debilidad, mi culpa. Quizá algún día me nazca de nuevo tener esos detalles para alguien. Y volver a amar con tanta fuerza.


5 de enero de 2010

De Noche Para Siempre (LXXVIII)

Yo no tuve padre, y siempre creí que no sería uno bueno, sobre todo para un niño. Sin embargo, el nacimiento de Luisa Fernanda hizo que se afianzara más lo que comenzó con María de los Ángeles, el que yo poco a poco tratara de ser mejor para mis hijas, y que comprendiera que aunque fallara, siempre intentaría ser bueno, a "mi estilo", por decirlo de alguna manera.


Tengo muy bonitos recuerdos de cuando mi hija era bebé. Ahora está por cumplir 10 años en febrero y la veo alejarse de las muñecas para acercarse a la temible adolescencia. Así  es la vida de todos, no se puede detener el tiempo. Recuerdo que cambiaba sus pañales, le daba de comer. Tener un ser tan pequeño y tan tuyo en los brazos es algo indescriptible. Es realmente mágico ese cuerpo tan pequeño y tan bien hecho, tan perfecto y tan frágil. ¡Qué responsabilidad tan grande la de ser padre! Si tan sólo lo comprendiéramos desde el principio... Pero hay tantos seres humanos defectuosos como yo...


Lo que con más cariño recuerdo de esa primera infancia de mi hija es cuando tenía algunos meses de edad y le dí de comer gelatina. Ella ya intentaba masticar alguna comida, o quizá era sólo un reflejo. Fuera por lo que fuere, ella intentaba masticar la gelatina, y cada vez que lo hacía, la comida saltaba de su boca hacia afuera. Me divertí tanto ese día viéndola intentar masticar la gelatina... Sobre todo porque ella fue una bebé muy parecida a mí, con una cara seria que parecía de enojo, que intimidaba.


Uno de los mejores recuerdos de mi vida.


3 de enero de 2010

Tiempo Implacable

Tiempo implacable, no te detienes ante nadie, no importa quién te enfrente, siempre lo derrotas. Sólo los más grandes personajes de la Historia de la Humanidad han podido sobrevivir a tu lanza, y sin embargo sólo lo hacen en el recuerdo, nadie puede evitar las arrugas, el deterioro, la pérdida de protagonismo, que ya no lo tomen en serio. Siempre habrá alguien que releve, una nueva idea, alguien mejor que sabrá aprovechar las experiencias de sus antecesores. Alguien que envejecerá y verá cómo la siguiente generación lo releva.


Películas, libros, leyendas e historias de seres inmortales, la fantasía de muchos, el deseo de tantos, la realidad de nadie. ¿De nadie? Nos gusta pensar que en algún lugar del mundo quizá existan realmente esos seres eternos, que quizá realmente exista la posibilidad. El mundo sería un mundo más triste si no hubieran seres inmortales. Porque todos los días somos más viejos, nos enfrentamos a un espejo sincero y letal que nos recuerda que cada día que vivimos es uno más en la cuenta regresiva al cementerio.


Nadie puede, no existe cirugía o poción que nos deje tal y como estamos. Y sin embargo, existen personas que sólo envejecen por fuera. Y no hablo de lo positivo, de un corazón joven y soñador, sino de aquellos quienes quieren vivir siempre como niños, como adolescentes, haciendo lo que su cuerpo ya no puede, pensando las cosas que su edad les mandaría a no pensar. Todos debemos madurar, pero hay quienes a los que solamente les llega la edad, y no la madurez. Son los que más temen a le vejez y la muerte, como si nunca les diera tiempo para hacer lo que desean. Mas, es un engaño porque en realidad todo tiene su tiempo, y todo lo podremos hacer sin tratar de comernos al mundo.


Todo a su tiempo, incluso la muerte.