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14 de junio de 2009

De Noche Para Siempre (XX)

Durante la adolescencia me volví bastante retraído con mi familia. Fue cuando me separé mentalmente de ellos y comencé a diferenciarme cada vez más. Mi mamá es el tipo de persona que sonríe con todos y que no encuentra ninguna dificultad en entablar conversaciones. Yo soy todo lo contrario, no suelo conversar con exraños y me cuesta mucho entablar relaciones sociales. Mi familia es muy sociable, y me casé con una mujer muy sociable también, pero yo carezco de ese talento. Cuando encuentro una persona que me agrada, no me cuesta tenerle confianza, pero los primeros pasos son los que siempre me son tan difíciles...

Una buena oportunidad que tuvieron para "interrogarme" fue la primera vez que me embriagué. Fue en la celebración de los 15 años de mi amigo Ángel. Le hicieron una fiesta en su casa, y yo fui invitado. En esa época nos sentábamos cerca en el aula, y nos fuimos haciendo amigos. Compartimos suficientes cosas como para que me invitara a su casa en esa ocación. Mi intención no fue embriagarme, y ni siquiera fue mi idea en ningún momento. Es cierto que a esa edad ya fumaba, pero nunca se me había ocurrido en serio, beber. Asistí a la fiesta, me llegaron a traer. Conocí a familia que no conocía, a una prima de él con quien hubiera socializado mejor si hubiese tenido más experiencia. Bailé y me divertí mucho.

Todo comenzó, y en realidad todo fue responsabilidad de un primo de mi amigo, que cada vez que nos veía nos invitaba a tomar un trago más. De hecho, creo que nos buscaba para saber si aún teníamos algo qué beber o ya no, para servirnos el siguiente. Yo nunca había bebido, y me sentía en confianza, por lo que no sentí en ningún momento que debía medir o controlar lo que bebía y la cantidad. Terminé hablando mucho, al contrario de mi diario vivir, y dando varias anécdotas qué contar a mi amigo y su familia. Nada serio, pero mi lado gracioso sale con más confianza cuando bebo.

Una de las anécdotas fue que, cuando ya habían decidido que era bastante, la mamá de mi amigo me preguntó si quería algo para que me fuera "pasando el efecto", y yo contesté que era la primera vez que estaba así, que quería disfrutarlo. Otra anécdota es que le econtré parecido a un actor de televisión, a un pariente de mi amigo, y me empeciné en la idea (y en decírselo) durante quién sabe cuánto. Al final, feliz por la experiencia y después de recordar canciones que me gustaban mucho, me devolvieron a mi casa. Entré, mi mamá me recibió y lo primero que le dije cuando me llevó a la habitación fue "me dieron de tomar". Me calló y me hizo acostar. Yo tenía tantas ganas de hablar en ese momento... Lástima, al día siguiente ya era el mismo de siempre.

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