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26 de junio de 2009

De Noche Para Siempre (XXIII)

Luego de salir del ISI, mi vida comenzó a cambiar y comencé a sufrir las consecuencias de mis irresponsables actos. Ya no pude estudiar en la mañana en el Liceo Javier, mi mala conducta me cerró las puertas. Así que mis opciones se redujeron, ya no podía optar a obtener otra media beca y estudiar en el colegio que hubiese querido, donde seguramente saldría con mejores oportunidades de empleo. A pesar de que en mi orientación vocacional las mejores opciones que tenía eran para estudiar un magisterio, preferí un bachillerato en computación, impulsado también por la moda que seguía mi familia, de que los estudios en computación abrían mejores oportunidades de trabajo.

Falta de decisión o de carácter o de un propósito en la vida, pero me dejé convencer de estudiar el bachillerato en computación, y en un colegio en el que mi tío había sacado algunos cursos, ni siquiera me molesté en buscar algo que realmente me gustara. Me inscribieron y comencé a estudiar una carrera que no me convencía demasiado, pero en realidad no analicé nada ni programé nada, solamente me dejé llevar. Ni siquiera me gustaba mucho la computación. Recién comenzaba a conocerla y a explorar porque mi tío acababa de comprar una computadora. Nunca antes había tenido una, y las clases que recibí cuando estudié no fueron las más agradables ni las más excitantes que tuve. Afortunadamente, he sido un buen autodidacta toda mi vida, y desde que tuve la máquina a mi alcance todos los días en mi casa, comencé a explorar por mí mismo y descubrir cosas que me hacían querer saber más y más. Descubrir que se es bueno en algo es el mejor motivador a la perfección.

Entré a un colegio nuevo, lejos de mi casa por primera vez, de hombres y mujeres por primera vez, con un nivel académico un poco más bajo, y en el que aprendería muchas cosas nuevas, no sólo en cuanto a las materias se refería, sino respecto a las mujeres, la vida y yo mismo. Al nacer comenzamos un viaje que no termina hasta nuestro último suspiro.

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